Ya está. Ya lo hemos hecho. Cualquier cosa que contemos se quedará corta. Desde la salida por Verrazano Bridge con Sinatra a todo volumen, las 150 bandas de todo tipo (hemos oído desde Michael Jackson hasta Pink Floid Pasando por todo lo que os podáis imaginar), hasta la gente. LA GENTE, con mayúsculas. De los norteamericanos se pueden decir un montón de cosas, pero viendo lo que hemos visto hoy... nos dan una lección, una gran lección. El Maratón de NY para ellos es un gran día festivo en el que participan todos, desinteresadamente, porque les apetece. Deciden pasar un día animando a los demás porque es lo que más les divierte. Dos millones de personas animan sin parar a TODOS los corredores. Si lo pones en la camiseta, te llaman por tu nombre y te animan como si fueran tu madre o tu amigo. Lo que diga no sirve. Hay que vivirlo. Es, sin duda, una experiencia que merece la pena. En todos los barrios. Al margen de la entrada en Manhattan, que no se puede describir, la zona que más me ha gustado ha sido Brooklin. Te quita el aliento. Conocía la Behobia, que está muy bien, espectacular, pero esto es otra cosa.
Además de eso, se corre un maratón. Lo primero, es un maratón duro. Más de lo que yo pensaba, bastante más. La subida del Queensborough Bridge se me va a quedar clavada para siempre. La subida por la 5ª avenida paralelo a la parte norte de Central Park es aterradora (sobre todo en las condiciones que la he subido yo).
El post anterior lo he dejado saliendo de casa a las 4.45am. De ahí al Ferry (mitad corredores, mitad borrachos disfrazados de haloween) y a los autobuses. El montaje es de flipar. Una vez en el recinto de salida, 3 horas por delante para cogerte un pasmo. No hemos tenido frío y, aún así, te quedas helado. Javier y yo habíamos quedado dentro y casi no nos encontramos. De hecho, nos hemos visto al final, cuando ya había que meterse en los corrales para salir. Él se ha venido al mío, como lo teníamos planeado, y a esperar dentro. ¡Qué gran acierto con la equipación! Nos hemos quedado con los sacos de dormir por encima como mantas y con una chaqueta. Luego lo hemos tirado todo, pero hemos pasado Verrazano y su viento bien abrigaditos.
Bueno, a la carrera. Hemos salido aplicando el plan más optimista. Los km iban cayendo al siguiente ritmo: Los tres primeros a 5 minutos pelados y luego 4.57 - 5.05 - 5-07 - 5.11 - 5.08 - 5.08 - 5.19 - 5.12 - 5.16 - 5.15 - 5.23 - 5.13 - 5.12 - 5.24 - 5.07 - 5.16 - 5.21 y 5.14 para completar la primera media en 1h50m justos. Vamos, como un clavo hacia las 3h40m que nos habíamos puesto como el mejor de los objetivos posibles. Nos encontrábamos bien (Javier un poco subido de pulso, pero la sensación era buena). Aún hemos seguido manteniendo un buen ritmo 5.15 - 5.17 - 5.42 - 5.46 - 5.56 (la maldita subida a Queensborough Bridge) 5-01 - 5.23 - 5.07 - 5.13 - 5.26 y ya estábamos en el km 31. Habíamos pasado la entrada en Manhattan, hemos visto a nuestras mujeres, con el subidón que eso da a principio de la 1ª avenida, y estábamos metidos en la subida al Bronx de lleno. Las patas hacía mucho que eran de cartón piedra y que dolían, pero lo sobrellevábamos. A partir de aquí, Javier ha empezado a dar síntomas de cansancio. Ha ido aflojando y tenía que esperarle un poco de vez en cuando 5.46 - 5.23 - 5.45 - 5.49. Hemos hablado y he decidido seguir el ritmo al que iba cómodo y él ha dicho que no daba para más. Se ha quedado atrás. He seguido un par de km 5.26 - 5.38 y ha venido el del mazo, pero con el más gordo que tenía: 5.52 - 6.29 - 6.13 - 6.27 - 6.05. Por Dios, qué 5 km finales. He pensado muchas veces que no llegaba. No podía avanzar. De cintura para abajo (y algo también para arriba) me dolía cada célula. Las piernas no avanzaban hacia adelante. Hasta me ha entrado flato, ¡a esas alturas!. En fin, todo lo dantesco que os queráis imaginar.
Por detrás, Javier ha pasado su calvario particular durante 3 o 4 km llegando a hacer alguno a más de 7... pero se ha recuperado y ha ido progresando. El último km lo ha llegado a hacer por debajo de 5.30 y, cuando estaba a 100 metros de la meta ve una camiseta que pone SPAIN en la espalda. Increíble. Nos hemos reagrupado a 100 metros de meta para entrar juntos. De hecho, Javier se ha retenido un poco, porque si me llega a apretar, me saca 95 de los últimos 100 metros. Hemos entrado de la mano.
Después de eso, nos han hecho andar mínimo 2 km más hasta recoger las bolsas para ponernos ropa. Un infierno. Entiendo que tienen que mover a la gente de la meta porque si no se bloquea todo, pero hemos pasado las de Caín.
En fin. Experiencia increíble, de verdad, y... más putas no se pueden pasar. Supongo que Javier meterá algún comentario para dar detalles de la parte que él ha estado sólo.
Pero bueno, ya está. Lo hemos hecho y, al margen del pinchazo, me he quitado más de 21 minutos del tiempo del anterior maratón. No está mal.